No tengo el deseo de justificar a este muchacho pero tampoco siento que quiera juzgarle. De todas formas, personalmente opino que deberíamos preocuparnos de hacer que todo el mundo tenga su sitio y sienta esa pertenencia, que todos nos sintamos conectados. No es una tarea fácil, pero estoy seguro de que es necesaria y vale la pena.

¿Por qué cuento esto hoy? Por una triste historia que llevo tiempo presenciando…

Y ya me tocaba compartir mi opinión al respecto.

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Os dejo con la historia de Elliot Rodger, un muchacho de 22 años que se ha hecho tristemente famoso estos días por haber asesinado a seis personas y herido a otras trece antes de suicidarse.

Haz click aquí para leer el artículo “El historial de internet de Elliot revela algo más siniestro que la mera misoginia” (en inglés).

Para quienes no hablen inglés, un corto sumario:

Elliot Rodgers, imagen capturada de uno de sus vídeos en YouTube

Elliot Rodgers, imagen capturada de uno de sus vídeos en YouTube

Elliot era un chico de 22 años que terminó profundamente afectado por la sensación de estar aparte del mundo, de no conseguir lo que merecía por ser (en sus propias palabras) un “hombre perfecto” y un “caballero supremo”. Publicó varios vídeos en internet donde, además de tendencias misantrópicas en general, y misóginas en particular; demostraba una gran cantidad de resentimiento por no poder llevar la vida que le han vendido desde distintos frentes (como la cultura pop hollywoodiense y la industria del pick-up/ligue/seducción).

Así pues, y declarando sentir que “merecía una retribución por todos los años que tuve que soportar ser rechazado en favor de brutos repulsivos y hombres indignos”… Elliot perpetró un asalto escalado de violencia contra todas las personas que pudo. Ya declaraba en uno de sus vídeos: “en el día de la retribución, entraré en la fraternidad más cañera de la UCSB y me cargaré a todas y cada una de las zorras rubias creídas y malcriadas y que vea“. En foros como PUAHate (un supuesto entorno que pretende desmontar las farsas de la industria del ligue y denunciar los abusos que en ella se cometen), Elliot comentaba cosas como: “Hoy estaba conduciendo cerca de mi universidad y ví varias cosas que eran extremadamente cabreantes. Pasé cerca de un restaurante donde pude ver a un negro pasándolo bien con cuatro buenorras blancas. Él ni siquiera tenía buena pinta. Más tarde, estaba comprando en Trader Joe’s ¡¡y ví a un indio con dos blanquitas por encima de la media!! ¿Qué escenas cabreantes habéis presenciado hoy? ¿No odiáis ver estas cosas cuando salís? Estas cosas te hacen desear estar muerto.

En otros posts, directamente insultaba a los foreros por motivos raciales (en el artículo en inglés que he enlazado destacan uno en que arremete contra un chico asiático) y por querer estar con mujeres blancas hermosas, lo que según el propio Elliot constituyó “su lucha en la vida” y que -evidentemente, y más por sus tendencias- le resultaba prácticamente imposible.

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Lo interesante aquí es que esta historia ha tenido un boom en los medios por el motivo de que muchas personas y muchos movimientos la han utilizado para justificar sus argumentos y sus posiciones en tal o en cual materia o ámbito de discusión. Muchos creyeron que esta noticia no tendría relevancia local siquiera, y se ha vuelto internacional.

Y esto es así porque la violencia vende… Sin más. Podríamos estar hablando simplemente de la triste historia de un paria social, y utilizarla para ilustrar y enseñar. Para aportar valores y demostrar el sentido y la necesidad de que todos estemos involucrados y sepamos cómo dejar salir nuestras ideas y nuestros sentimientos de una forma correcta y beneficiosa. Para que recordemos que admitir lo que nos duele y buscar ayuda es el primer paso para sanarnos a nosotros mismos… Pero no.

Ahora mismo, ésta es la historia de lo jodida que estaba la mente de Elliot (entre sus pensamientos racistas, misóginos y misantrópicos), y de lo lamentable que es no haber podido prevenir esta situación a pesar de todas las pistas que daba el chico. Es la misma mierda de lástima y autocomplacencia porque no hemos sabido atajar la situación antes del fatal desenlace, pero tampoco es que fuese culpa nuestra… Aunque no deja de serlo, por mucho que no sea culpa directa.

Como sociedad, fallamos en facilitar vías naturales, saludables y más humanas de afrontar esta clase de desconexiones de la realidad.

Queremos academizarlo todo. Queremos dar con los ABC’s y crear pasos o series lógicas que nos guíen en el proceso… Y nos olvidamos de que son relaciones entre personas. De que es algo vivo, y como tal, no se puede reducir a esos extremos sin perder la mayoría de los matices (y ser, por tanto, inadecuado en gran medida).

No nos preocupamos de tratar con las causas, ni de aportar medios para transformar esas situaciones en algo diferente y más positivo… Sino que nos limitamos a intentar prevenir conductas de riesgo, estallidos de violencia y tragedias o resultados no deseados. Por esta misma tara en la educación para la salud afectiva y sexual, es por lo que pasan estas cosas.

¿Qué suelo proponer yo?

  • Observar las cosas tal como son, sin emitir juicios de valor. Tratando de conocer y experimentar las emociones que te inspira, pero sin tipificar a partir de ellas. En caso de que lo observado aporte algo positivo, conservarlo. En caso de que el aporte sea negativo, recordar para evitarlo y descartarlo.
  • Expresarse abierta y honestamente siempre que sea posible, siempre desde el respeto. Los límites que unas y otras personas tenemos no tienen por qué parecerse, y es más fácil que los conozcas al ser así que al ir con cuidado para no molestar a nadie. Cuando te pases o cuando toques un punto sensible, te lo harán saber. Si no te lo hacen saber, lo deberías poder notar. Y si no te lo hacen saber ni eres capaz de notarlo, te reventará en la cara cuando discutas con la otra persona o cuando se aleje de ti.
  • Estar dispuesto a entender y a darse a entender. Es la clave para evitar las cagadas derivadas de ser demasiado honesto y abierto, o de pasarse de la raya (siempre que la otra persona tenga la paciencia y las ganas para poner de su parte en ello). No significa tener que darle explicaciones a nadie, sino simplemente molestarte en demostrar que valoras a la otra persona y que te preocupas de estar a bien con ella. Si te interesa que las cosas sean así entre vosotros, claro. Si no quieres su amistad ni nada más íntimo, será por el respeto entonces.
  • Prestarse a todo, menos a marear. Tan sólo porque así las cosas salen y saben mejor. No hay necesidad de entrar en juegos de poder, ni en batallitas de egos. Todos valoramos poder sentirnos a gusto siendo nosotros mismos y expresando abiertamente nuestros deseos y necesidades. Ya sea en el sentido sobreprotector y posesivo que parece encantarle a algunos o en el superliberado y libre de barreras que preferimos otros; la idea es la de crear un espacio seguro para ser nosotros mismos y sentirnos valorados tal cual somos.

Todas estas propuestas que hago nacen de un compromiso con uno mismo. De un voto que renovar a diario.

Sus beneficios, más que probados: mi gente es más feliz, es más activa, demuestra conductas prosociales y disfruta más de las pequeñas y grandes cosas.

Por muy mal que esté eso de tirarse flores uno mismo, me siento orgulloso de que decidieran confiar en mí, pero sobre todo en ell@s mism@s…

Y de que lograsen esas cosas.

Los logros varían siempre en función de la persona.

El único común es estar en paz con uno mismo y más abierto a la vida.

Mi pequeña satisfacción es que me gané su amistad y su respeto, en vez de únicamente su dinero.

Esos son mis logros, aparte de crecer yo mismo gracias a esta labor.

¿Quieres ayudarme a culminar esta tarea?

En estos días ando elaborando un texto que se convertirá en mi intento por hacer llegar, de manera práctica y amena, un poquito de cordura y sentido común en este pluriputiferio de ideas que es el mundo de las relaciones. Sin proponer métodos, sin defender dogmas o creencias específicas. Siempre a través de tener mayor comprensión de uno mismo, de la autoexpresión honesta e incondicional y de una correcta toma de decisiones al ser conscientes de las opciones que tenemos disponibles y de nuestras propias tendencias.

Si crees que hacerlo mejor es posible, visita la campaña de crowdfunding y participa en el proyecto; ya sea como mecenas o como heraldo.

Ambas cosas son bienvenidas… Y muy necesarias.

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¿Qué opinas tú? ¿Podrían evitarse tragedias como estas si todos nos abrimos a todo, menos marear? ¿Es inevitable, es parte de la vida? ¿O es algo que podemos y debemos afrontar y abordar de una mejor manera?

Un comentario en “Por qué hago lo que hago… Y creo en lo que creo.

  1. He estado pensando y creo que Elliot no soportó el nivel de conciencia que había alcanzado. Seguramente se hacía preguntas como: ¿por qué actúan de esa forma esas muchachas, si esos tipos están huecos de la cabeza?, o ¿no saben todo lo que he hecho por ellas y así me responden?
    para él ya no hubo vuelta atrás, la única forma que encontró de ponerle fin a la situación, de callar su mente, fue haciendo lo que hizo. Ya no encontró otro significado para mantenerse al margen
    sin duda , por la forma en que ejecutó todo, no fue algo que surgió de la noche a la mañana. Fue una moral que se fue incubando de mala manera, llena de frustraciones y siempre chocando con la realidad que lo rodeaba

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