Anoche tocaba charla trascendental, que duró aproximadamente un par de horas. En ella me dí cuenta (más si cabe) de que, aparte de un buen amigo, tengo un estilo de vida tan complejo como positivo.

Todo comienza a raíz de sucesos recientes. Una chica que me encanta y mi mejor amigo se lían, y yo no siento celos ni me duelo por ello. Otro amigo del grupo se extraña por otra muestra más de mis rarezas (diferencias)… Y decide aprovechar el camino a casa para hablar, aunque al final echemos una tertulia bien maja.

Ahí es cuando me plantea una cuestión interesante… ¿Qué hace que tú seas diferente a mí, y que te importe o te imponga menos el decirle a alguien que te gusta o que quieres algo juntos?

Lo estuve pensando poco rato. En su momento dije y ahora mantengo que no es una gran diferencia… Pero sí varias menores, aunque juntas forman una muy significativa.

Vivo la vida del oportunista

Dicho así suena un poco de pena… Pero por el momento no encuentro mejor manera de describirlo.

El proceso es sencillo: algo o alguien me emociona y despierta mi interés, lo que me brinda una oportunidad que yo puedo tratar de aprovechar o bien dejar pasar.

El matiz estaría puesto en que yo no tengo problemas para decidir deprisa si lo tomo o lo dejo… Y no suelo tenerlos tampoco para obrar en consecuencia.

Pueden dar testimonio de ello todas las personas que, a día de hoy, saben lo que siento por ellas. Sean amistades o amantes. No es el único aspecto en el que mi vida refleja esto, pero sí el más evidente. Y también el más parejo al hilo de la tertulia nocturna.

Tras un rato charlando, mi amigo me dijo algo curioso.

Resulta que, para él, esa chica era mi oportunidad para sentar la cabeza… Alguien que me llamase y me llenase más que cualquier otra persona.

Curiosamente, acertaba en eso.

Existía esa posibilidad.

Aunque también es un asunto complejo, porque no por ello iba a dejar de sentir cosas por otras personas. Podría estar tomando la decisión consciente de mantener un compromiso cerrado, pero al corazón no puedes engañarlo… Y no hay persona que sea capaz de correr tan lejos ni tan rápido como para escapar de sí misma...

Por eso mismo, prefiero seguir viendo y viviendo la vida a mi manera. Evitando, en la medida de lo posible, dar falsas impresiones o dar pie a que esperen de mí algo que no puedo, quiero ni voy a ofrecer.

Lo que sí que comparto a cholón y sin freno es algo que sale de un proverbio.

La belleza que hay en los ojos del que mira

Otra muestra de mis rarezas es que, al estilo de Casanova, siento una pasión intensa y arrebatadora por todas y cada una de las personas que me inspiran deseo y atracción. Y tengo una facilidad pasmosa para darme cuenta en pocos instantes de las cualidades que me harían amar y desear a quien tengo delante.

En cuestiones amatorias, me suelo entregar al momento con la misma intensidad y frescura con que lo hace una pareja que sólo tienen ojos para sí. Entramos a la misma profundidad y confianza… Con lo que ahí la única diferencia (respecto de mi amigo, al menos) radica en que yo sea de tendencia polígama. O como diría Ale, mi rosa azul, soy un espíritu libre.

Ahí mi buen amigo apunta sabiamente que tengo que tener cuidado con cómo ejerzo mi libertad. Y no se equivoca. Aprendí por las malas la diferencia entre sinceridad y sincericidio, y la comprendí definitivamente gracias a mi brisa de otoño.

De cualquier forma, la diferencia más importante no es ninguna de estas… Sino el hecho de haber tomado una decisión muy sencilla y atenerme a ella. Un fundamento personal que tiene varios pilares.

No amoldar mis sentimientos a la norma social.

No dejarme llevar por el grupo ni por la masa para definir mi estilo de vida, pero sí compartirlo con los demás y dejarme nutrir por ellos.

Compartir abiertamente todo lo bueno y bello que me inspiran las personas y los hechos. Invitar a mi vida y atesorar esas personas y situaciones cargadas de placer, bienestar, crecimiento y felicidad.

Darle a las emociones su tiempo de vida útil y no prolongarlas más allá de su momento. Es decir, no aferrarme a ninguna, buena o mala, y dejar que fluyan siguiendo su curso.

Observar atentamente mi vida para descubrir mi suerte, y formar parte activa de ella.

Eso es lo que significa ser dueño de tu propia vida… Y por supuesto, responsable de cómo la conduces; tanto como de las consecuencias que generas.

Si quieres ser feliz, o cambiar tu vida de alguna manera…

Empieza aquí.

Empieza ahora.

Toma consciencia.

Toma decisiones.

Honra el proceso.

Hónrate a ti mismo.

Implícate en ello y deja que rinda sus frutos…

Y tendrás resultados.

Déjale a otros el depender de la casualidad y la causalidad.

#OwnYourLife


Y tú, ¿vives tu vida o reaccionas a lo que la vida te manda en suerte? ¿Conoces personas que se hayan salido de la norma y te inspiren algo con su ejemplo? ¿Cómo sería tu vida si pudieras tomar todas las decisiones con la seguridad de que se cumplirían?

¿Tienes alguna pregunta concreta que hacerme? Si puedo resolver tu curiosidad y no vulnera mi privacidad o la de terceras personas, estaré encantado de responderte.

No te guardes tus inquietudes… O te saldrán úlceras.

~Sergio

3 comentarios en “#OwnYourLife

  1. Un espíritu libre puede serlo cualquier persona independientemente de sus circunstancias y situación sentimental. Serlo o no, depende mas bien de una sensación emocional.

    Por algún motivo, a tu intuición le da por ver cadenas donde probablemente no las haya. O tal vez esas cadenas las pongas tu mismo basándote en la experiencia de saber que no le encuentras sentido a la posibilidad de encontrar a todas las mujeres en una mujer. Por algo será. Guiémonos de la intuición, ella sabe.

    Tu puedes sentir que eres mas tu, siendo de todos y siendo de nadie. Compartiendote con muchas personas por un tiempo aveces limitado aveces no. Otros pueden sentir que son mas ellos compartiendose con la misma persona por un tiempo aveces limitado aveces no.

    Para que la máxima que a continuación voy a decir se convierta en posible, sólo tienen que mezclarse tres ingredientes; honestidad, verdad y amor. Sólo así lo que una vez sucede, sucede para siempre.

    • No veo ni un caso ni el otro, ciertamente… Para mí han habido personas que me hicieron no necesitar más, y han habido personas que me dieron ganas de salir echando humo y sin mirar atrás. Y la mayor parte de la gama entre ambos extremos.

      Supongo que es así como quiero vivir. Sin hacer caso del efecto que genera la mentalidad del consumo y de la propiedad privada en las relaciones. Sin convertirme en un capitalista del amor, cuando lo siento como algo que mueve el mundo.

      Por eso habrá veces donde mis amadas amantes se cuenten por docenas, así como veces donde sobre con levantar un dedo. Lo vivo mezclando lo que me viene y lo que me apetece, sin más.

      Por otro lado… Si no fuera esencialmente mío, no podría ser tampoco de nadie más (ni multitudes ni individuos). Y de hecho, no soy de nadie, pero convivo con quien así lo desea… Porque como ya dije, no soy un capitalista del amor.

      Gracias por tus palabras 🙂

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