Mi último post del año estará en mi segunda casa, y no será exactamente mio, aunque puedo transmitir exactamente las mismas ideas, y lo único que cambiaría serían varias palabras. Será el doctor Kelly Flanagan quien cuente la historia esta vez.

Es importante para mí hacerlo así, dado que el tema que he estado destacando estos días es que los hombres cada vez quieren menos relación con las mujeres por causa de algunas de ellas (para ser exactos, de lo que viven con ellas y cómo les sienta) y de los movimientos feministas… Que algunos llaman Séxodo.

Se comprende entonces la doble importancia de hablar de un hombre que apuesta por los valores de Amor y Autenticidad que aquí se estilan… Y que se atreve a abogar por otros que os invito a reconocer durante la lectura.

Con esta introducción, os dejo con la traducción de su artículo “The 9 Most Overlooked Threats to a Marriage“. Disfrutad.

Siento lástima por la comunicación marital, porque se lleva todas las culpas. Durante generaciones, entrevista tras entrevista, las parejas la califican como el problema nº1 en el matrimonio. Y no lo es.

La comunicación marital está teniendo mala prensa. Igual que el niño que se defiende en el patio. Los cuidadores oyen una disputa y prestan atención justo a tiempo para ver cómo responde. Ese niño no creó el problema; estaba reaccionando al problema. Pero es al que pillan, y al que mandan al despacho del director.

O, en el caso de la comunicación en la pareja, a la oficina del terapeuta.

Siento lástima por la comunicación marital porque todo el mundo se pone en su contra, cuando lo cierto es que, en el patio de recreo del matrimonio, simplemente reacciona frente a otro de los matones que empezaron la bronca:

  1. Nos casamos con alguien porque nos gusta quien es. La gente cambia. Tenlo en cuenta. No te cases con alguien por quien es, o por lo que quieres que sea en un futuro. Cásate porque te gusta la persona que ellos están dispuestos a ser en el futuro. Y entonces, dedica tu vida a encontrarte con la otra persona en su transformación, mientras ella se reune contigo en la tuya.

  2. Casarse no hace desaparecer la soledad. Estar vivo es estar solo. Es la condición humana. Casarse no cambia la condición humana. No puede hacernos completamente libres de la soledad. Y cuando no lo consigue, culpamos a nuestra pareja por hacer algo mal, o buscamos compañía en cualquier otro lado. Casarse es un supuesto donde dos seres humanos comparten la experiencia de la soledad y, en el acto de compartir, crean momentos donde la soledad se disipa. Por un breve instante.

  3. Heridas abiertas. Sí, todos arrastramos algo. Pasamos la mayor parte de nuestra adolescencia y adultez temprana tratando de fingir que nuestra pena no existe, así que, cuando la persona que amamos la despierta en nosotros, le echamos la culpa de crearla. Y entonces exigimos que lo arregle. Pero la verdad es que ni la creó, ni puede arreglarla. A veces, la mejor terapia de pareja es la terapia individual, en la que trabajamos para sanar nuestra propia culpa… Para que podamos dejar de transferirla a las personas que amamos.

  4. El Ego gana. Todos tenemos uno. Todos nos encontramos con el nuestro, a decir verdad. Puede que en algún momento cercano al cuarto curso, cuando los otros niños empezaban a ser unos capullos con nosotros. Puede que antes incluso, si nuestros familiares fueron los primeros capullos que nos encontramos. El ego era algo útil. Nos mantenía a salvo de las pedradas y flechas emocionales. Pero ahora que hemos crecido y nos hemos casado, el ego es un muro que nos separa. Ya es hora de que se relaje. Practicando el ser abierto en vez del estar a la defensiva, el perdón en vez de la venganza, la disculpa en vez de la culpa, vulnerabilidad en vez de fuerza, y gracia en vez de poder.

  5. La vida es un desastre, y el matrimonio es parte de la vida. Así que el matrimonio es desastroso también. Pero cuando las cosas dejan de funcionar a la perfección, empezamos a culpar a nuestra pareja de los problemas. Añadimos caos innecesario al ya de por sí ineludible que hay en la vida y el amor. Debemos dejar de señalar con el dedo y empezar a entrelazar las manos. Será entonces cuando podamos entrar en y atravesar el caos de la vida, juntos. Sin culpa ni vergüenza.

  6. La empatía cuesta. Por su propia naturaleza, la empatía no puede darse simultáneamente entre dos personas. Una de ellas debe tomar la iniciativa, siempre, y no hay garantías de reciprocidad. Hay que arriesgarse. Es un sacrificio. Así que muchos de nosotros esperamos que sea nuestra pareja la que asuma el riesgo. Pasamos la vida siendo distantes empáticamente. Y cuando uno de los dos realmente asume la iniciativa y da el primer paso, es casi siempre un planchazo. Lo cierto es que las personas que amamos son seres humanos, y son falibles. Nunca serán el reflejo perfecto de lo que deseamos. ¿Podemos amarlos igualmente, dando nosotros mismos el primer paso hacia la empatía?

  7. Nos preocupamos más de nuestros hijos que por la persona que nos ayudó a hacerlos. Nuestros hijos nunca deberían ser más importantes que nuestro matrimonio, y tampoco deberían ser menos importantes. Si son más importantes, esos canallas se darán cuenta y sacarán tajada de ello. Si son menos importantes, harán lo que sea para conseguir que les demos prioridad. La familia se basa en el trabajo continuado y la búsqueda constante del equilibrio.

  8. La sutil lucha por el poder. Casi todo conflicto en la pareja es en parte una negociación sobre el nivel de interconexión entre ambos amantes. Los hombres suelen querer menos. Las mujeres suelen querer más. A veces, esos roles se invierten. Al margen de eso, cuando lees entre líneas la mayoría de conflictos, esta es la pregunta que encuentras: ¿Quién decide cuánta distancia mantenemos entre nosotros? Si no preguntamos esto explícitamente, lucharemos al respecto implícitamente. Siempre.

  9. No somos capaces de mantener el interés fijo en una sola cosa o una sola persona. Vivimos en un mundo que llama nuestra atención hacia un millón de cosas distintas a la vez. La práctica de la meditación –atender a una cosa y después devolverle nuestra atención cuando algo nos distrae, una y otra vez– es un arte esencial. Cuando se nos anima constantemente a fijarnos en la brillante superficie de las cosas y pasar del tema cuando empieza a aburrirnos, hacer de nuestra vida una meditación sobre la persona que amamos es un acto revolucionario. Y es absolutamente esencial para que el matrimonio perdure y prospere.

Como terapeuta, puedo enseñar a una pareja a comunicarse en una hora. No es complicado. Pero, ¿lidiar con los matones que empezaron el conflicto? Bueno, eso se toma toda una vida.

Y aun así.

Es una vida que nos lleva a ser una versión de nosotros cada vez más amorosa, más capaz de soportar la soledad, más libre del peso de la culpa, que ha cambiado los muros por puentes, que ha abrazado el caos de la vida, se arriesga a empatizar y perdona las decepciones, que ama a todo el mundo con igual fervor, que da y toma y se compromete, y que se ha dedicado a una vida de presencia, conciencia y atención.

Y esa es una vida por la que vale la pena luchar.

Este post apareció originalmente en DrKellyFlanagan.com


No es usual que yo comparta escritos que se refieran explícitamente a conformar una pareja, dada mi tendencia a la anarquía relacional… Pero lo que cuenta el doctor Flanagan me parece aplicable a cualquier tipo de relación, independientemente de la ideología y tendencias de sus participantes.

E incluso de la condición de la misma.

Los amigos también se beneficiarán de este pensamiento.

Los amantes… No cabe duda.

¿Las parejas? Es muy probable que les resuelva un par de problemas, si abandonan la pose de “no necesito ayuda externa”.

Por supuesto, como el propio doctor advierte, esta lectura no sustituye ni sobreescribe el consejo de un profesional que se involucre directamente en tu caso. Solamente refleja experiencias y opiniones personales. Ninguno de los dos tomaremos responsabilidades por las acciones que emprendas ni por las consecuencias derivadas de las mismas. Es tu decisión la de interactuar con el sitio y con sus contenidos.

Si lo necesitas, consulta con un terapeuta capaz de dedicar las horas necesarias a familiarizarse con tu situación y ayudarte de manera específica y a medida.

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Decidí traducir y compartir este texto por la sencilla razón de que varias de estas situaciones se han dado en las ocasiones en que formé parte de una pareja seria (en el sentido habitual estos días del término), así como también en relaciones más afines a otro tipo de opciones.

Siempre es interesante reconocerse a uno mismo en estos casos, ser capaz de recapacitar y hacerlo mejor en el futuro. El tiempo pasado no se puede rebobinar, pero se puede recordar y aprender del mismo.

 ¿Qué has aprendido sobre ti al leer esto?

Sergio

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