Admitamos algo: si queremos tener una vida sentimental sana, vamos a tener que exponernos a que las cosas nos afecten. Y más todavía, tener en cuenta que no vendrán de una en una… ¿Significa eso que estamos jodidos? Pues efectivamente, pero es un mal necesario.

Supongo que tú, como yo y como cualquier otra persona (salvando ciertas excepciones), disfrutas de la compañía de los demás. Deseas rodearte de personas que alimenten tu curiosidad, que alienten tus aspiraciones y deseos más fervientes y que te acompañen a descubrir el mundo y tu vida ideal.

Dentro del mundo de lo sublime, y como idea, todo esto suena de puta madre. Lo pillo.

Pero, ¿qué ocurre si nos dejamos de la metafísica y nos metemos al ruedo?

Que nos van a venir en salvas y a mansalva. Tanto las cosas buenas como las putadas, tanto lo divertido como lo asqueroso. Y por lo general, con unos límites muy difusos.

Este artículo me fue sugerido por las dudas constantes de alguien que siempre me pregunta sobre lo que yo mismo siento y experimento… Según ella, porque socializo muchísimo. Aunque con la excusa de la curiosidad le bastaba también, pero bueno.

Aunque me suele preguntar más bien cosas como en qué me fijo para decidir si alguien me gusta o si me pillo de la gente con la que acabo intimando, no voy a responder a eso aquí.

Será más bien a una cuestión derivada.

Una vez me preguntó cómo me afectan las circunstancias de la otra persona, así que he decidido considerar las que tienen mayor impacto y contarlo públicamente, por si se diera el caso de que a alguien le sirva saber cómo esquivo yo esas balas.

Sin orden particular, estas son las cinco circunstancias que más me afectan… Que por cierto, son de lo más común, y por eso las clasifico de tópicos.

¿Cuántos años tienes? ¿Cuántos me echas?

La edad de la otra persona apenas me preocupa, pero resulta que importa. Y no sólo por asuntos legales.

A las preguntas que titulan este apartado del texto suelo responder con mi edad real y con la frase “dos ahora y otro en la ducha”. Otras personas juegan a adivinar la edad de quien tienen delante o te dicen la edad que sienten tener por encima de la que tienen realmente. Cada uno a su bola.

Nunca he sido alguien que se preocupe mucho por el calendario, por el reloj ni por medir el tiempo. Lo que sí ha sido una constante en mi vida es que me suelo interesar más por personas mayores que yo, y tiendo a llevarme mejor con ellas.

Con las personas de mi edad o menores que yo suelo tener conflictos de intereses, de impresiones y de formas de vivir la vida. No será la primera vez que digo públicamente que no estoy en la movida de salir a mangarla de fiesta para evadirme, que no mido mi valor personal en favor de con quién me acuesto ni con cuánta frecuencia, que suelo evitar las drogas y el alcohol (aunque este año estoy experimentando y encontrando mis límites con eso de beber) y cosas así… Y que tampoco me fascina la forma que tienen de querer etiquetarlo todo.

O eres novio, o follamigo, o rollo, o polvo. Si no eres trendy, eres urban, casual, hípster, scener, rapper, rasta, costra, pijo o trve. Facha, republicano, anarka, y otras opciones políticas e ideológicas… Y eso sin tirar del aspecto físico o la personalidad. No te preocupes: la mitad de esas etiquetas las llevas de serie y te las has puesto tú por atreverte a expresarte, y la otra mitad te las van a colgar los demás a medida que te conozcan.

¿Cómo he solucionado esto? Convirtiéndome en inclasificable, y que cada cual pinte el cuadro como le baile. Por así decir cabe esperarse cualquier cosa de mí (como de todo el mundo, en realidad), aunque si te molestas en conocerme un poco sabrás más o menos lo que de verdad puedes esperarte. Tambien intento depender menos de las expectativas, propias y ajenas.

Y por ahora me va guay así. Lo de las expectativas tiene su eco macabro en algo que menciono más adelante.

Pues va a ser que lo que haces con tu vida importa…

La trayectoria profesional y las aspiraciones vitales de la otra persona me joden la vida y me la alegran al mismo tiempo. Son mi dulce caos particular.

No hay forma sencilla de explicar esto… Así que haremos un reduccionismo.

Con personas que escriben y comunicadoras en general he tenido relaciones basadas en la curiosidad hasta el agotamiento. Una vez saciada, desaparecen sin más. A veces regresan, y a veces no. Con las metidas en el fitness y la imagen personal, han sido relaciones cual tormenta de verano: intensas, breves y de gran calado. Unas más superficiales que otras, ciertamente… Pero con un patrón común: casi siempre llegaban a mí para reivindicarse tras una ruptura jodida o reciente. Las bailarinas, actrices y similares son una constante en mi vida: nunca fallan a la hora de cautivarme y suelen quedarse mucho tiempo. Las personas de mente más analítica y encajonada me sacan de mis casillas y suelen sentir lo mismo al tratar conmigo (tal vez porque soy demasiado impulsivo y aleatorio), pero cuando hemos conectado, ha sido como follar con los dioses (tal vez por la atención al detalle tan característica suya)… Y suma y sigue, que más o menos va así con todo.

¿Qué me ha funcionado en este aspecto? Tomarme las cosas con bastante mano izquierda y darme cuenta de que, aunque configura bastantes aspectos de nuestras vidas, esta cuestión en concreto no lo es todo. Entonces, intento ser lo más global posible… Me suelo dejar enseñar y me encanta recibir aportes, tanto los nuevos como los que sirven de repaso o reconstruyen lo que ya sé. Y relativizo mucho las cosas…

Esto no deja de ser una faceta que me gusta más o menos según de qué se trate, y que me inspira para llevar el trato con esa persona de una forma u otra. Me suelo llevar mejor con personas más emotivas, mimosas y pornosas. Con gente que tenga menos miedo al contacto físico y a hablar abiertamente de su sexualidad, sus intereses o sus creencias. Con gente que no me levanta una fachada para quedar bien delante de mí o de quienes nos rodean.

Con el resto, simplemente me llevo… Y a veces ni eso.

Otra cosa que me funcionó es tener en cuenta que la dedicación a nuestra trayectoria suele ponderar por encima del tiempo de ocio y de la vida sentimental y sexual… En especial, en conjunto con el tópico anterior de la edad. No cuesta nada ver que hay gente tan metida en su carrera que tiene que acudir a redes de contactos para conseguir amistades y relaciones íntimas. Lo que me funcionó aquí fue extender invitaciones de plazo abierto, o dejar que las fechara la otra persona. Eso y aplicar la doctrina de los strikes: valoro mucho mi tiempo y la honestidad, así que si acordamos vernos y me fallas tres veces, estás fuera. Así de sencillo. La única forma de resolver eso es que demuestres activamente tu interés por mi persona, y te preocupes de hacer las cosas bien (esto es, de buscarme tú a mí).

Es muy egoísta, pero es egoísmo positivo. Y algo a lo que recurrimos todos, de hecho.

El resto de la vaina ya pinta feo…

Algo que también me afecta mucho es la cultura de la que proviene la otra persona, y cómo ha sido criada. Siendo como soy (una persona prácticamente sin filtros, porque me gusta que me tomen sin cortar ni descremado), es comprensible que me lleve mejor con personas que, por decirlo así, han mamado esa forma de ser tan fresca y dicharachera. Tengo tendencia a preguntar mucho, y de manera indiscreta… Aunque también llego a ser bastante pasota y voy bastante a lo mío, con una intención que puede variar según el tipo de relación que tengamos y nuestras últimas interacciones. Mi solución a esto es idéntica a la del tópico anterior.

También me veo muy limitado y suelo tener malos rollos por las heridas abiertas que tiene la otra persona. Uno nunca sabe cuándo está poniendo el dedo en la llaga, ni puede medir el alcance de las consecuencias de sus actos cuando la otra persona da imagen de estar bien, de entereza y de felicidad… Y de repente te encuentras con que sufrió abusos, y ciertas palabras o ciertos gestos se lo recuerdan. O con que tu forma de hablar y de comportarte le recuerda a su ex, por decir algo que me ha ocurrido y me dejó a cuadros.

Quien me conoce sabe que sé salir del paso en prácticamente cualquier situación, y que siempre tengo respuesta. Pues en ese caso no la tuve, así que tocó improvisar un “adiós, muy buenas y que lo superes pronto”. Por eso es tan preocupante este tópico. Generalmente es como un pedo silencioso y especialmente apestoso: sólo te das cuenta de la putada cuando te la tragas.

Y si lo piensas bien… ¿De qué manera vas a resolver tú las comparaciones que otra persona decide hacer? No se trata ni de que demuestres algo en concreto, ni de que trates de no parecer eso que ha motivado la comparación (pues si eres simplemente quien tú eres, eso significaría ponerte una máscara)… Se trata de que entregues a la otra persona tu comprensión y tu compasión, y que le dejes decidir si quiere seguir en contacto contigo. Por su cuenta. Aquí nos tenemos que joder y tomar la opción reactiva, pues hay que amoldarse a lo que la otra persona sienta y decida. Por mucho que no nos guste.

El ultimo de los tópicos que me afectan son las reacciones insospechadas o inevitables de otras personas ante mi forma de ser. ¿Por qué? Bueno… 22 años en el momento de escribir esto. Poliamoroso, liberal y bisexual confeso. Sexualmente abierto y muy enfático en ello. Pasional, inquieto y bastante parlanchín.

Entre esas y otras cosas en mi ridículum vitae, me encuentro con respuestas muy diversas. Unas me dan escalofríos, y con otras me parto el culo. Hay quien me ha querido acusar de abusos o de acoso por quedar bien delante de quien sea. Hay quien presume de haber estado conmigo, y hay quien presume de que me interesa… Como también hay quien presume de haberme rechazado. Hay quien habla de mí por lo que le han contado, y quien habla conmigo sin saber quién soy para contarme mi propia “mitología” (tanto lo que realmente pasó, como lo que otras lenguas inventaron).

Mi respuesta a esto, nuevamente, es la misma que le doy a los otros tópicos. Y usualmente lo acompaño con una sonrisa de medio lado, de esas tan mías. Oh, y por supuesto, voy dando gracias a la persona en cuestión por dejarle sitio a otra que lo merezca más y lo aproveche mejor. Pero eso ya son manías propias.


Tal como te he contado esto, me gustaría que me cuentes tú algo. ¿Sentiste que alguno de estos tópicos también te afectaron? ¿Lo hacen actualmente? ¿Qué harías o qué haces tú cuando te enfrentas a casos así?

Me alegra comunicarte que usaré este artículo y los comentarios que reciba como inspiración para mis próximas obras y productos, así que te animo a que compartas tu opinión y tus impresiones tan abierta y sinceramente como gustes.

Si el blog te parece demasiado público, puedes escribirme por e-mail o por mensaje privado en Facebook. Pero por favor, no pierdas la ocasión de manifestarte.

Así, contribuimos juntos al realismo y la utilidad de lo que está por venir… 😉

Un abrazo,

Sergio

PD: No sé cómo, pero buscando fotos para adornar este texto, no hacían más que salirme imágenes del blog de mi reciente amiga Diana Garcés. Una lástima que no pueda venir a la quedada de VAM el sábado.

PD-2: No tengo idea de la fuente original de donde sale lo que dice la imagen destacada. Básicamente dice: “¿Amor? Olvidado. ¿El corazón roto? Lo tuve. ¿Oportunidades? Las he dado. ¿Volver? Ya pasé de ello. ¿Lo he superado? Ya lo creo.” Aunque parece eminentemente sobre rupturas o decepciones, es algo que entiendo que puede ayudar a superar los tópicos aquí mencionados.

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